Paloma de Grandes V.
lunes, 11 de abril de 2011
La Lisis y la Crisis
Amor Tirano
Ciego que apuntas y atinas,
Caduco dios, y rapaz,
Vendado que me has vendido,
Y niño mayor de edad,
Por el alma de tu madre
Que murió, siendo inmortal,
De envidia de mi señora,
Que no me persigas más.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Baste el tiempo mal gastado
Que he seguido a mi pesar
Tus inquïetas banderas,
Forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
Pues yo te perdono allá
Cuatro escudos de paciencia,
Diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Diez años desperdicié,
Los mejores de mi edad,
En ser labrador de Amor
A costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
Aré un alterado mar,
Sembré una estéril arena,
Cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Una torre fabriqué
Del viento en la raridad,
Mayor que la de Nembrot,
Y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
A la cárcel libertad,
Miel dulce al amargo acíbar,
Principio al fin, bien al mal.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Caduco dios, y rapaz,
Vendado que me has vendido,
Y niño mayor de edad,
Por el alma de tu madre
Que murió, siendo inmortal,
De envidia de mi señora,
Que no me persigas más.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Baste el tiempo mal gastado
Que he seguido a mi pesar
Tus inquïetas banderas,
Forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
Pues yo te perdono allá
Cuatro escudos de paciencia,
Diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Diez años desperdicié,
Los mejores de mi edad,
En ser labrador de Amor
A costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
Aré un alterado mar,
Sembré una estéril arena,
Cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Una torre fabriqué
Del viento en la raridad,
Mayor que la de Nembrot,
Y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
A la cárcel libertad,
Miel dulce al amargo acíbar,
Principio al fin, bien al mal.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Luis de Góngora
sábado, 12 de marzo de 2011
De l´amour et de la vie
El amor es una imagen de nuestra vida: ambos están sujetos a las mismas revoluciones y a los mismos cambios. Su juventud está llena de alegría y esperanza: uno es feliz de ser joven, como uno se siente feliz de amar. Este estado tan agradable nos conduce a desear otros bienes, y los queremos mas sólidos; no nos contentamos con subsistir, queremos hacer progresos, nos buscamos medios de adelantarnos y de asegurar nuestra fortuna; buscamos la protección de ministros, nos volvemos útiles a sus intereses; no podemos soportar que alguien pretenda lo que nosotros pretendemos. Esta emulación pasa por mil cuidados y mil penas, que se borran con el placer de verse establecido: todas las pasiones se encuentran entonces satisfechas, y no preveemos que podamos dejar de ser felices.
No obstante, esta felicidad es raramente duradera, y no se puede conservar por mucho tiempo la gracia de la novedad. Por tener aquello que hemos deseado, no dejamos de desear más. Nos acostumbramos a todo aquello que es nuestro; los mismos bienes no conservan su mismo precio, y no agradan siempre del mismo modo a nuestro gusto; cambiamos imperceptiblemente, sin darnos cuenta de nuestro cambio; aquello que conseguimos se convierte en parte de nosotros mismos: sería un duro golpe perderlo, pero ya no somos sensibles al placer de conservarlo; la alegría ya no está viva, buscamos fuera de aquello que tanto hemos anhelado. Esta inconstancia involuntaria es un efecto del tiempo, que se lleva a nuestro pesar tanto el amor como la vida, borra insensiblemente cada día un cierto aire de juventud y alegría, y destruye los encantos mas verdaderos; adoptamos modales más serios, añadimos útiles a la pasión; el amor no subsiste ya por sí mismo, y toma auxilios ajenos. Este estado del amor representa el declive de la edad, cuando comenzamos a ver por donde debemos acabar; pero no tenemos la fuerza de terminar voluntariamente, y en el declive del amor como en el declive de la vida nadie puede decidirse a prevenir todos los disgustos que faltan por sufrir; vivimos entonces de las costumbres, pero ya no vivimos por los placeres. Los celos, la desconfianza, el temor de dejar, el temor de ser dejado, son las penas unidas a la vejez del amor, como las enfermedades están unidas a la vida demasiado larga: solo sentimos que estamos vivos al sentir que estamos enfermos, como solo sentimos que estamos enamorados cuando sufrimos por amor. No salimos del adormecimiento de las uniones demasiado largas sino por el despecho y el dolor de seguir unidos; en fin, de todas las decrepitudes, la del amor es la más insoportable.
Máximas de La Rochefoucauld (traducción: Paloma de Grandes)
domingo, 27 de febrero de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
El niño y la mariposa
Mariposa,
Vagarosa
Rica en tinte y en donaire
¿qué haces tú de rosa en rosa?
¿de qué vives en el aire?
Yo, de flores
Y de olores,
Y de espumas de la fuente,
Y del sol resplandeciente
Que me viste de colores
¿Me regalas
tus dos alas?
¡son tan lindas! ¡te las pido!
deja que orne mi vestido
con la pompa de tus galas
Tú, niñito
tan bonito,
tú que tienes tanto traje,
¿Por qué quieres un ropaje
que me ha dado Dios bendito?
¿De qué alitas
necesitas
si no vuelas cual yo vuelo?
¿qué me resta bajo el cielo
si mi todo me lo quitas?
Días sin cuento
De contento
El Señor a ti me envía;
Mas mi vida es un solo día,
No me lo hagas de tormento
¿te divierte
dar la muerte
a una pobre mariposa?
¡ay¡ quizás sobre una rosa
Me hallarás muy pronto inerte.
Oyó el niño
Con cariño
Esta queja de amargura,
Y una gota de miel pura
Le ofreció con dulce guiño
Ella, ansiosa,
Vuela y posa
En su palma sonrosada,
Y allí mismo, ya saciada,
Y de gozo temblorosa,
Expiró la mariposa .
Rafael Pombo
miércoles, 16 de febrero de 2011
Tú pierdes más
Al perderte yo a tí
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba
y tú, porque yo era
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos
tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar
porque yo podré amar
a otras como te amaba a tí
pero a tí no te amarán
pero a tí no te amarán
como te amaba yo.
Ernesto Cardenal
lunes, 14 de febrero de 2011
Como las rosas
Se encienden las farolas entre las nubes rosáceas del atardecer. Su cálida luz recuerda al fuego del hogar. Una fuente se yergue como tocada por Midas entre oscuros laberintos de tuyas, al tiempo que el sol se funde con la tierra. Murmuran sus aguas una vieja historia que no habrá de repetirse. Los reyes oyen su relato indiferentes, mientras contemplan al gentío pasar. Uno solo escucha, y entiende la moraleja del cuento. Uno a cuyos pies se ajó una rosa, que algún funcionario retiraría sin contemplaciones, sin si quiera preguntarse quién la depositó allí y el porqué. Unas amantes manos, unos prendados ojos y una solemne promesa. Pero eso no importa ya. Esas personas ya no son las que eran. Y la rosa se marchitó, como tantas otras, violando el juramento que la arrancó de su tallo. Mientras tanto, el godo calla y piensa para sí: "Que lástima que las palabras sean como las rosas."
Paloma de Grandes V.
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